lunes, enero 07, 2008

Se trata de un símbolo de las Rondas Campesinas del Sur Andino

IRREPARABLE PÉRDIDA DE UN LIDER RONDERO, FUNDADOR DE LA CENTRAL MACRO REGIONAL DE RONDAS CAMPESINAS DEL SUR ANDINO PERUANO

Jacinto Ticona Huamán
Vicaría de Solidaridad-Prelatura de Sicuani

Hoy las Rondas Campesinas del Sur Andino se encuentra enlutada, por la inesperada muerte de Eudi Pineda, quien venía desempeñándose como Presidente de la Central Macro Regional de Rondas Campesinas del Sur Andino en nuestro país (creada el 29 de mayo del 2007 en el distrito de Ccatcca, provincia de Quispicanchi de la región Cusco con asistencia de más de seis mil rondero/as de la región Puno, Cusco y Apurímac). Ël se dirigía desde su tierra natal (Distrito de Corani) hacia Macusani (capital de la Provincia de Carabaya de la región Puno) a bordo de una motocicleta, para alcanzar al ómnibus que lo trasladaría de ésta hasta Juliaca, y de allí iba a viajar a Sicuani a un encuentro de Rondas Campesinas. Pero, por circunstancias ajenas a su voluntad, en un accidente dejó de existir, hecho que por supuesto, deberá de ser rigurosamente investigado para llegar a la verdad y que los responsables asuman la indemnización correspondiente.

Indudablemente, es una irreparable pérdida de uno de los líderes que se caracterizó por ser un hombre de bien, valiente, concertador y con profunda identidad andina. Él nunca tuvo vergüenza de llevar sobre los hombros su wasqa qewe y su warak’a (onda de lana de alpaca y llama), símbolos del rondero andino.

Eudi, más conocido como salqa puma (puma indomable), sin temor a equivocarme fue un hombre que no tuvo pelos en la lengua, cuando conversaba con los intelectuales (sean abogados, periodistas, catedráticos de universidades, jueces, fiscales y policías) se sentaba con una mirada de frente planteando puntos de vista, generando debate; pero también fue un hombre que te escuchaba tus problemas, tus ideas, en algunos casos para orientarte y en otras para discrepar sin temor a sentirse menos, utilizando su sabiduría andina.

Este rondero, fue orgulloso de su cultura andina, tal vez sea ésa la razón por la que, el XIII Encuentro Regional de Rondas Campesinas de Puno, llevado a cabo recientemente en Macusani-haya llevado la denominación de “RONDAS CAMPESINAS, ORGULLO DE LA CULTURA ANDINA” (frase inspirado por él)

Este hombre andino, no solo buscó, sino logró acercarse, a los magistrados de Puno y Cusco para dialogar sobre el acceso a la justicia en el mundo rural, compartiendo su experiencia a partir de un testimonio de vida del actuar de la justicia comunitaria, haciéndoles entender con sencillez y claridad que somos parte de un país diverso, donde existen quechuas, qollas, qanchis, que desde sus ancestros, vienen ejerciendo su justicia comunitaria.

Así mismo, cabe resaltar-aunque suene paradójico-que dos días antes de su muerte, salió publicado una entrevista que lo hizo Perú 21, en el que se encuentra reflejado sus ideales, su trayectoria como dirigente rondero y, fundamentalmente su aporte a la sociedad, en la que nos precisa la diferencias que existe entre la justicia comunitaria y los linchamientos y/o ajusticiamientos populares, manifestándonos que “las rondas hacemos justicia comunitaria. Ahí participan el alcalde, el juez, el gobernador y los dirigentes. Eso nada tiene que ver con los linchamiento, el ajusticiamiento o la ‘justicia popular,’ como les dicen desde aquí a las rondas. Eso pasa donde aún no hay rondas organizadas. La ley de Rondas Campesinas dice que administramos justicia de acuerdo al derecho consuetudinario siempre que no se violen los derechos fundamentales de una persona.”

Este dirigente rondero pasó momentos difíciles durante su vida, por exigir el respeto de las actuaciones de las comunidades y rondas campesinas, en muchas casos fue perseguido, denunciado no solo por funcionarios y servidores del Estado que no entendían nuestra diversidad cultural, sino también por los delincuentes, quienes, como él refiere “me han querido enterrar moralmente, pero no han podido.”

Podemos hablar mucho de Eudi Pineda, nosotros que tuvimos el privilegio de conocerlo de cerca, caminando junto a él en los encuentros, seminarios, conversatorios. De cada uno de sus intervenciones hemos aprendido bastante, y desde estás líneas nuestra gratitud, reconocimiento y homenaje a un rondero que supo mantenerse firme en sus ideales. Por eso, Eudi Pineda se hará extrañar en los encuentros ronderos, pero, quedará en la memoria, no solo de los ronderos/as, sino del pueblo sur andino, por su enorme compromiso con la justicia comunitaria, la identidad andina y su jovial canto al rondero andino; tal vez escuchando sus canciones compuesta por él mismo, recordemos lo grande que fue este hombre.





ULTIMA ENTREVISTA DEL RONDERO
Fuente: Perú 21, 02 de enero del 2008.

EUDI PINEDA: LAS RONDAS CAMPESINAS NO HACEMOS LINCHAMIENTOS

EUDI PINEDA: LAS RONDAS CAMPESINAS NO HACEMOS LINCHAMIENTOS
En la guerra contra Sendero, las rondas fueron cruciales. Aun hoy, donde el Estado peruano no llega -y esos son muchos sitios-, las rondas son el orden. Conversamos con Eudi Pineda, presidente de las rondas campesinas del sur, que vino a Lima invitado a un evento del Instituto de Defensa Legal.

En el año 85, 86, empezó a haber mucho abigeato y delincuencia. Le hablo de los últimos rincones del país, donde no se conocía al Estado ni se sabía quién gobernaba porque en esos años no había televisión, ni radio, ni nada", cuenta Eudi Pineda.

¿Y policía?
No llegaba. Les daba soroche (sonríe). Estamos hablando de 4,700 metros sobre el nivel del mar. Era tierra de nadie. Las profesoras iban y los abigeos abusaban de ellas y a los profesores les robaban. Ya no querían ir.

En esos años, mi padre me entregó a un hacendado. Yo tenía nueve años. Cuidaba su ganado. Lavaba su ropa. Estuve siete años con él. Nos trataba mal. Me daba ropa vieja. Ahí aprendí castellano.

¿Cómo entró usted a la dirigencia?

Cuando volví, como hablaba castellano, me invitaron a las reuniones. Las comunidades estaban organizándose para autodefensa. Los ayllus estaban retomando la justicia ancestral. Yo mismo comencé a capturar abigeos. Además, tenía el don de hacer hablar. Mi padre me había enseñado, conversando, llegando a los sentimientos. Así los abigeos lloran y confiesan sus delitos.

¿Cómo son los enfrentamientos?

Recuerdo que una vez, a la una de la tarde, habían entrado a una propiedad. Habían robado 500 alpacas, 80 llamas, 200 ovejas y cinco caballos, y a la señora de la casa y a la niña las habían violado y al marido le habían cortado la planta de sus pies para que no fuera a pedir auxilio. Cuando los encontró, mi hermano subió al cerro y tocó el pututu. Todos se juntaron y seguimos el rastro. Lo seguimos un día y una noche. Al día siguiente los alcanzamos.

¿Cuántos eran?

Seis, con armas de fuego. Nosotros éramos como 60, con hondas. Los rodeamos desde los cerros y los hondeamos hasta que se les acabaron las balas. Nosotros no teníamos comida, estábamos cansados y escaparon. Con acciones me gané la confianza de la gente. Me nombraron presidente de las rondas del distrito, de la provincia, de la región Puno y, luego, de las rondas de todo el sur.

¿Qué piensa de los linchamientos?

Las rondas hacemos justicia comunitaria. Ahí participan el alcalde, el juez, el gobernador y los dirigentes. Eso no tiene nada que ver con el linchamiento, el ajusticiamiento o la 'justicia popular', como les dicen desde aquí a las rondas. Eso pasa donde aún no hay rondas organizadas. La ley de las rondas campesinas dice que administramos justicia de acuerdo con el derecho consuetudinario, siempre que no se violen los derechos fundamentales de una persona. Me decía que hay crímenes que la ley no castiga.

¿Qué castigos aplican?

Nosotros rescatamos los valores an-cestrales. Por eso propongo el azotamiento, la ortiga y el baño con agua. Son castigos que, desde la cultura moderna, se ven como violentos. Pero, para nosotros, son actos rituales. Así curamos a los que se van por el mal camino.

¿Cómo funciona el azote?

Cuando la justicia comunitaria decide que el castigo es el azote, no azota cualquiera. Lo hace el padre públicamente y le pregunta por qué ha actuado así. El hijo se pone a llorar y el padre también. Y la gente se saca el sombrero ante los apus, ante Dios. Si no es el padre, es el mejor hombre del pueblo. Después se usa la ortiga, una hierba medicinal. Pica mucho. Con eso se saca el mal espíritu. Eso sirve para purificar al prójimo. Y también rescatamos las costumbres actuales. En los cuarteles hemos aprendido los castigos con ejercicios físicos -planchas, ranas, canguros-. Así, muchas personas de malvivir se han corregido y hoy son dirigentes. Eso no pasa en la cárcel, de donde regresan peor.

El Estado antes no creía en las rondas.

En el 90, 92, yo fui perseguido. A mí la Policía me agarró, me amarró, me arrastró y me encerró en la comisaría. Me metió al cilindro de agua. Yo era rebelde también. Respondía escupiendo.

¿Y por qué?

Porque un abigeo se quejó. Tuve que fugar. Viví como un año escondido. Los delincuentes me han querido enterrar moralmente, pero no han podido.

¿Cómo cambiaron las cosas?

Poco a poco, otras instituciones, como la vicaría y otras de derechos humanos, empezaron a defendernos gratuitamente. Antes, yo había gastado todo lo que tenía pagando abogados. El obispo anterior nos defendía y pedía que nos escucharan.
Los jefes de Policía nuevos también coordinan con nosotros.
Estamos en comunicación. Estamos lejos; entonces, a veces, les ponemos la movilidad. Pero ellos llegan con sus armas y trabajamos juntos.

No hay comentarios.: