Dedicado a todos los
descamisados, haraganes, intransigentes y poco inteligentes que no son capaces
de despojar a nadie de sus tierras, menos de explotar mano de obra ajena, para
acumular capital y ser dueños y señores de la “sagrada” PROPIEDAD PRIVADA.
Por Sociólogo: Avelino Zamora Lingán
Creo, sin temor a equivocarme, que nuestros hermanos
campesinos deben sentirse los seres más indignos y extraños en su propio país,
en su propia comunidad, al no poder ingresar a inspeccionar el proceso
destructivo de sus fuentes de agua, recurso que para ellos significa la vida
misma, al igual que para todo ser viviente de este planeta tierra. Más aún,
cuando acude a sus autoridades, quienes supuestamente son elegidas o nombradas
para defenderlo y protegerlo legalmente y sin embargo encuentra que tales
autoridades le son indiferentes, le dan la espalda y, al contrario, se ponen al
lado de quienes son los autores directos de la destrucción de sus acuíferos.
Pero aquí no queda el asunto, la población campesina hoy en día está siendo
maltratada no sólo físicamente, a través de feroces acciones represivas, cuando
se atreve a reclamar su derecho al agua, sino que está siendo maltratada
cultural y emocionalmente. Es inconcebible que ahora toda vez que decide
ingresar a lo que supuestamente son sus predios, heredados de sus antepasados,
le digan “no señor, el ingreso está prohibido, esta es propiedad privada”.
¿Propiedad privada? “Sí señor, propiedad privada, así es que retírese por
favor”. En efecto, esos fueron los
argumentos que sostuvieron la policía y los fiscales, fieles serviles de la
transnacional minera, aquel día viernes 14 de setiembre cuando la población, en
su mayoría campesina, natural de la zona, y el suscrito, deciden ir a
inspeccionar sus canales y sus fuentes de agua, para formarse una idea real del
porqué el vital elemento está siendo cada vez más escaso tanto en la ciudad
como en el campo. Creo que debe ser humillante para los campesinos y para toda
la población cajamarquina el hecho que en su propia tierra, verdaderos
extraños, le digan, de manera amenazante: “Ustedes no pueden entrar aquí,
porque este lugar es propiedad privada”.
Sí los problemas y reclamos de la población no son
solucionados y atendidos por sus autoridades y las leyes existentes poco o nada
le favorecen, por lo mismo la población siempre vive en estado de explotación,
pobreza y ahora sus recursos están siendo contaminados y destruidos, por lo
mismo está a punto de quedarse sin agua, entonces ¿Quién defiende al pueblo?
¿Acaso el Chapulín Colorado, Supermán o Batman?
En el colmo del cinismo y de la burla al pueblo le exigen paz y
tolerancia o, de lo contrario, cuando se atreve a exigir sus derechos
levantando un poco la voz, le tildan de
violentista, intransigente, radical, comunista, terrorista, etc., etc. Pero
cuando intenta reclamar sus derechos por la vía pacífica, por la vía legal,
mediante el dialogo, que tanto reclaman, se le cierra las puertas, no se le
hace caso, se le responde con palo, bomba y bala; y, ahí sí, quienes tienen el
privilegio de manejar las leyes, se vuelven muy expeditivos, rápidamente
procesan capturan y meten a la cárcel.
Pero, volviendo al tema de la cacareada “propiedad privada”.
Existen varios mitos o leyendas sobre la propiedad privada, que lamentablemente
está arraigado en las mentes del propio pueblo. Entre estos: se dice que la
propiedad privada es resultado de la voluntad de dios; es precisamente esta
versión la que ha servido para acuñar la frase “la propiedad privada es
sagrada” y, por ello es intocable ¡Hay de aquel que ose atentar contra la
propiedad privada! En concordancia con este mito o leyenda se elaboran leyes,
se estructura el famoso “estado de derecho”, para evitar precisamente que
alguien atente contra la sacrosanta propiedad privada. Otro mito que se ha
tejido en torno a la propiedad privada y que también está muy difundido es que
la propiedad privada es hechura de los “inteligentes”, de los sobre-dotados de
habilidades y de creatividad; de los hombres superiores, etc., etc. Y, así el
mundo ha sido dividido en dos: los inteligentes, los super-manes o superhombres
saturados de habilidades y creatividad y los haraganes, los ociosos, los
carentes de inteligencia, los abandonados de dios, etc. etc. Y, así. Pueden
existir decenas o cientos de leyendas y mitos sobre la propiedad privada, pero
las más difundidas son las que tangencialmente hemos descrito. Pregunto ¿Será sagrada la propiedad o
propiedades que obtienen los corruptos de cuello y corbata de este país,
robándole al Estado o mejor dicho al pueblo?
Pero veamos qué es la propiedad
privada, sobre todo, ¿cómo se origina? Generalmente más del 99 % de la
población cree tener o ser dueño de alguna propiedad privada. El hecho mismo de
ser dueño de la camisa, el pantalón o los zapatos que lleva puesto ¿es propiedad
privada?; el hecho de tener un celular, un equipo de sonido, o una computadora
personal ¿es propiedad privada? o el
hecho de tener una vivienda, una pequeña parcela ¿acaso ya le hace creer que
tiene propiedad privada? ¿Es cierto esto? NO, definitivamente NO. Desde la
perspectiva científica, concretamente desde el enfoque sociológico, se
distinguen dos tipos de propiedad: La propiedad individual y la propiedad
privada. La propiedad individual es aquella obtenida a través del esfuerzo
económico individual, es la que el individuo, obrero, empleado, campesino
obtiene sin la realización de plusvalía o sin la explotación de mano de obra
ajena. Esos bienes que hemos descrito más arriba en las interrogantes,
constituyen precisamente propiedad individual. En cambio la propiedad privada
es aquella que se obtiene a través de la utilización, por no decir, explotación,
de la mano de obra ajena, para la producción en serie y a gran escala. La
propiedad privada se obtiene, entonces, vía
la realización de la plusvalía y la acumulación de riqueza. Para no
darle tanta vuelta al asunto: los bienes muebles, inmuebles, equipos,
maquinaria, instalaciones, campamentos que tiene la transnacional minera
Yanacocha SI constituyen propiedad privada, porque lo obtiene vía la explotación
de mano de obra ajena, vale decir mano de obra de más de 10,000 obreros, que
trabajan en la minera, la mayoría a través de services; en cambio el celular,
el equipo de sonido, o la computadora que el obrero de esta empresa pueda
adquirir, lo hace con su salario del mes, otorgado por la minera. Los bienes
que el campesino, el poblador común y corriente, o cualquier mortal adquiere
con su pago de sueldo, honorario, dieta, salario, o con la venta de un cuy, una
gallina o una res sólo constituyen propiedad individual.
Pero, hablemos un poco sobre el
origen de la propiedad privada. En efecto. Detrás de la propiedad privada se
ocultan las más oscuras y viles acciones cometidas por una clase social contra
otra, configurando, así, toda la historia, en explotación del hombre por el
hombre. Los anales históricos indican que toda la historia del capitalismo y su
acumulación (vale decir, de la propiedad privada) no significó más que rapiña,
pillaje, despojo y asesinatos. Qué duda cabe que en este contexto, la noción de
propiedad privada surge, por un lado como resultado de los avances tecnológicos
y en consecuencia de la generación de excedente, del cual obviamente una clase
se tenía que apropiar, no la más inteligente ni superior, sino la más armada
militarmente; y, por otro, surge de ese pillaje, despojo de tierras al
campesino, retención de parte del salario al obrero, a través de la plusvalía,
incluso de asesinatos.
Es necesario advertir que en la
lógica del capitalista subyace la idea de cómo convertir el dinero en capital,
el capital en plusvalía, la plusvalía en más capital y éste en más plusvalía y,
todo esto, junto, en mayor cantidad de “propiedad privada”. Y, luego, redondear el asunto generando el
mito en torno a la propiedad privada como que ésta es “sagrada”. Los
científicos sociales indican que “la acumulación originaria del capital viene a
desempeñar en economía política más o menos el mismo papel que desempeña en
teología el pecado original. Adán mordió la manzana y el pecado se extendió a
toda la humanidad. Los orígenes de la primitiva acumulación, es decir, de la propiedad privada, pretenden explicárselo
relatándolos como una anécdota del pasado: Dicen, en tiempos muy remotos, había
de una parte una elite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y, de
la otra, un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y
aún más. Es cierto que la leyenda del pecado original revela que el hombre fue
condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente; pero la historia del pecado
original económico revela porque hay gente que no necesita sudar para comer.
Así se explica que mientras la clase “inteligente y ahorrativa”, según la
leyenda del pecado original, acumulaba más y más riqueza; el tropel, es decir,
la gran mayoría de descamisados y carentes de sentido de ahorro, terminaban sin
tener nada, más que su fuerza de trabajo, para venderle o mejor ficho
“regalarle” al capitalista, dueño y señor de la propiedad privada, convertidos
en medios de producción.
Finalmente, lo que le está pasando
ahora al poblador rural cajamarquino y peruano en general es resultado de la
lógica de la acumulación originaria del capital, de la forma como se ha
constituido esa propiedad privada, a la cual muchos lanzan loas y alabanzas y
protegen con leyes y normas represivas. La tierra y el agua han sido los
recursos o bienes que siempre han estado en diputa, donde la clase social o
elite que tenía el poder político, económico y militar siempre salía
triunfante. Sí bien el despojo de tierras y fuentes de agua a las comunidades y
campesinos surge en el contexto feudal, por parte de los hacendados o
terratenientes, esto se intensifica en la época de transición del feudalismo al
capitalismo, donde en ese proceso de transformar la hacienda feudal en empresa
agrícola capitalista se intensifica aún más el pillaje del agua y la tierra a
los campesinos. Es más, el hacendado usaba el despojo de agua y tierras a
los campesinos como una efectiva estrategia para hacerse de mano de obra barata
e incluso gratis. Claro, el truco consistía en dejar sin tierra y sin agua
a los campesinos para que éstos sin otra alternativa se vean obligados a
trabajar en su hacienda a cambio de un mísero salario, y en muchos casos, a
cambio únicamente de la alimentación, tal como lo indica Lewis Taylor en su
libro “Estructuras Agrarias y Cambios Sociales en Cajamarca, Siglos XIX y XX”.
Lo que viene sucediendo ahora en Cajamarca y en el país, con el problema del
agua y la tierra, ¿No le recuerda a esa misma lógica empleada por los
hacendados? Sólo que esta vez no son hacendados sino transnacionales. El hecho
de dejar sin agua a la población rural y comprarle de manera coercitiva sus
tierras y la estratagema de concesiones,
donde se argumenta que “el suelo es del campesino pero el subsuelo es del Estado”
¿Acaso no es una manera de dejar al poblador campesino, sin otra alternativa
que la de trabajar en la mina, por un mísero sueldo, o quizá gratis, en un
futuro no muy lejano? ¿Acaso, la idea respecto a que “únicamente la minería
sacará al país y a Cajamarca del sub-desarrollo”, tan difundida en el seno de
la población rural y urbana, no apunta en ese mismo sentido? En fin, esto es lo
que quería comentar ante mi indignación
porque no nos dejaron ingresar para observar en el lugar de los hechos
los daños a las fuentes de agua y al ver aquellos cerros, antes cubiertos de su
poncho verde y hoy destruidos, tan sólo por el único hecho de haber sido
convertidos en una “sagrada propiedad privada”.
Escrito: 18 de
setiembre del 2012
No hay comentarios.:
Publicar un comentario