martes, diciembre 05, 2017

LA “EPIDEMIA” DE LA CORRUPCIÓN ATACA DE DERECHA A IZQUIERDA Y DE ARRIBA HACIA ABAJO



Por Sociólogo: Avelino Zamora Lingán

“Un fantasma recorre el mundo” diría Carlos Marx, en su Manifiesto Comunista, refiriéndose al avance ideológico- pragmático incontenible del socialismo científico, en los siglos XVIII, XIX y principios del XX, sobre todo allá en el viejo mundo, es decir Europa. Sin embargo, hoy, en pleno siglo XXI observamos que el avance del socialismo se postergó, pero, en su lugar, el capitalismo salvaje, con su modelo de libre mercado y libre saqueo, se consolidó y lo que hoy recorre el mundo no es precisamente el socialismo sino una “epidemia” muy maligna, perniciosa y cancerosa, que está matando la moral y la esperanza de los pueblos. Esa “epidemia” se llama CORRUPCIÓN. Pero, al mismo tiempo el sistema que alimenta a la corrupción, es decir, el capitalismo salvaje, va lentamente cavando su propia sepultura. 
Un mal que, tal como indica el encabezado de nuestro comentario, no tiene predilección por nada, ni por nadie, no es selectivo, puesto que ataca a la derecha y a la izquierda, tanto a los de arriba como a los de abajo. Se puede decir que este mal es como un ventilador, que esparce porquería por doquier, que salpica a quien sea, de qué condición social sea, ni con qué partido o agrupación política comulgue. Es una epidemia, para la cual no existe aún ninguna vacuna. La única vacuna capaz de hacerle frente o neutralizarla es la moral; pero, lamentablemente, ésta ha sido precisamente la primera en ser destruida por tan maligno fenómeno como es la corrupción. Por ello, hoy la sociedad peruana es un cuerpo infestado por esa “epidemia” llamada corrupción, porque carece de esas defensas valiosas, entre éstas: moral, ética, honradez, honestidad, pudor, respeto a los semejantes, etc. Por ello, hoy la sociedad peruana es una sociedad anémica, débil, enferma, en la medida que los valores inherentes a todo ser humano las ha tirado por la borda, ha sido despojada sistemáticamente de ellos. Y, lo más grave, es que la epidemia está despojando de su esencia humana, valga la redundancia, a los humanos. 
¿Quién dijo que a la izquierda no la atacaría, tan perniciosa epidemia como es la corrupción? Precisamente, los capitalistas buscarían contagiar dicho mal, como una especie de venganza a quienes se pasan la vida criticando y cuestionando su accionar, su carencia de rostro humano, su lógica de explotación y su indolencia para con los oprimidos, etc.; es como si el capitalismo buscara homogeneizar en la corrupción “ensuciando” a todos los políticos, sin distinción, pero con énfasis en los de izquierda, con el propósito de generar un clima político donde se generalice las expresiones: “Ya no hay esperanza”, “todos son iguales”, “todos roban”, “todos son corruptos”; castrando de esta forma la esperanza, la fe, el espíritu de lucha popular, por una sociedad mejor o por una verdadera transformación social, desde posiciones de izquierda. Sin embargo, también desde la propia izquierda existe un síndrome en potencia, que hiberna en sus mentes: Este síndrome se llama “síndrome del pequeño burgués”, que genera en el que lo padece una obsesión por igualar al burgués, al de arriba, al capitalista, con ansias de poder. Comúnmente esto se conoce como PROGRESO INDIVIDUAL. El progreso individual no es malo, en sí mismo, lo malo radica en sobreponer a éste, por encima del interés general, del interés colectivo. Asimismo, el progreso individual deja de tener sentido si es que no existe un elemento clave, fundamental, vale decir el DINERO. Es en esta red de dinero, poder y progreso, que se enmaraña mucha gente que se hace llamar “de izquierda”. Y, en el capitalismo, es donde precisamente, se estimula, se activa o despierta ese pernicioso síndrome. De allí surge esa idea de que, por ejemplo, “El izquierdista que llega a progresar, saborea poder y ver un poco de dinero, fácilmente vende su conciencia al mejor postor, igualando en actitud al quehacer político de la derecha”. En esto consiste la mentalidad pequeño burguesa de la que trataba el Amauta José Carlos Mariátegui, en sus diversos estudios sobre la realidad peruana. 
Desde esta perspectiva, existe en el imaginario popular la creencia de que frente al poderoso caballero, don dinero no hay nadie que se le resista. Sólo hace falta que, ya sea el de derecha o el de izquierda; el creyente o el ateo, el político o el despolitizado, el blanco o el negro, el de arriba o el de abajo, vea los fajos de billetes cholos o gringos, me refiero, de soles o dólares, para que inmediatamente se rinda ante tan atractiva pecuniaria tentación; y lo hace de diversas maneras: asesinando, violando leyes, normas, decretos; extorsionando, chantajeando, corrompiendo y corrompiéndose; traicionando sus promesas y traicionando a sus electores, a quienes confiaron honestamente; y sobre todo vendiendo su conciencia al de arriba, al opresor, al burgués. En esto consiste ese afán casi obsesivo del llamado “progreso individual”, en eso consiste la mentalidad o espíritu del pequeño burgués. ¿Quién sale ganando, políticamente hablando, en esta batalla pequeñoburguesa? Naturalmente la derecha, el sistema capitalista, los neoliberales, en la medida que el accionar, sea del pequeño burgués de izquierda o del de la derecha, responde a una estructura y superestructura ya consolidada desde hace mucho tiempo, y fueron, precisamente, los conservadores, los de derecha quienes estructuraron y super-estructuraron tal contexto social; mientras que los de la izquierda alegan no estar conformes con dicho contexto, y se pasan el tiempo cuestionándolo. Sin embargo, no les queda otra alternativa que adaptarse al statu quo, al sistema; pero sobre todo a sus prácticas políticas y sociales, aun cuando éstas sean ilícitas, inmorales, carente de valores y de humanismo, especialmente cuando adquieren alguna cuota de poder en el Estado. Con lo cual no les queda otra alternativa a quienes alegan ser izquierdistas, ser el furgón de cola del tren de la derecha, como siempre lo han sido y ser parte de LA REPORDUCCIÓN SOCIAL DEL ORDEN INMORAL, por el cual está atravesando la sociedad peruana en estos momentos y, porqué no decirlo, la sociedad peruana siempre ha atravesado por este tipo de orden. 
Pero hay todavía una esperanza para el pueblo: El antídoto para la malévola epidemia de la corrupción y síndrome del progreso individual es sin lugar a dudas LA IDEOLOGÍA SOCIALISTA, la moral revolucionaria, que solamente se impregna en el verdadero izquierdista, en aquel que sería capaz de no caer en la tentación del dinero, en aquel que sería capaz de no vender su conciencia a nadie, en aquel que esté dispuesto a sacrificar su pobreza económica a cambio de su solidez moral e ideológica. El perfil del líder político, o líder popular tiene que reunir tales condiciones, el pueblo tiene que exigir un líder con tales características; un líder que no salga de pie de la cama o del camastro, sino que surja del fragor de la lucha popular, de la lucha en las calles, de la lucha social. Un líder político, con solidez ideológica, dentro del socialismo científico, está obligado a sobreponer su interés particular o individual y dejar atrás ese espíritu pequeño burgués y de progreso individual; todo esto subordinarlo a un espíritu de masas y de colectividades. ¿Qué es una utopía exigir esto? NO. No es una utopía, tampoco es un sueño. Desde la perspectiva dialéctica, todo lo que es construcción social, es decir, obra del Hombre, es sujeto de cambio, de transformación, de lo contrario la historia de la humanidad no estuviera marcada por grandes y cruentas revoluciones sociales, ni tampoco cada hombre sería producto de su contexto y de su historia. En fin, siempre acostumbro decir: El curso de los acontecimientos determinarán el futuro de nuestra amada y sufrida patria. 
Escrito: noviembre, mes de la clasificación al Mundial.

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