viernes, agosto 18, 2017

EL TEMOR A LA IDEOLOGÍA



Comentario dedicado a todos los maestros peruanos que acatan una huelga nacional indefinida. El gobierno califica a dicha huelga de “ideologizada”. En cambio yo sostengo: ¡ojalá fuera ideologizada!!, lo cual, desde mi perspectiva no lo es, aunque, según los expertos en movimientos sociales y en sindicalismo consideran que toda lucha social de los pueblos deberia ser ideologizada y al menos en tres aspectos: económico, político e ideológico. Pero la historia indica que tales luchas sólo se reducen al plano económico, lo cual le da el carácter de ser luchas economicistas.       
Por Sociólogo: Avelino Zamora Lingán
Es común que desde el Estado y sus diversos regímenes de turno cataloguen a toda lucha social, que emprende el pueblo, como por ejemplo la huelga, de cualquier gremio o sindicato, de ser o estar “politizada” o “ideologizada”. Esto con el único propósito ya sea de combatir, minimizar, desprestigiar la lucha o protesta social, o simplemente para sembrar el divisionismo entre los huelguistas; pero, también para poner a sectores de la población en contra de dicha medida de lucha. Para ello, obviamente, los operadores políticos del Estado o del gobierno saben que la población en general es despolitizada y desideologizada, incluso los propios huelguistas y sus líderes o dirigentes también lo son; y, lo que precisamente se busca, desde el Estado, es que los sectores populares sigan o permanezcan en tal situación: sin ideología y sin doctrina política.  
Pero ¿Qué es la ideología? El diccionario Akal de filosofía, lo define como “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político”. Pero aquí radica lo más importante, cuando sostiene: “Ideología, término generalmente acompañado de una connotación despectiva que se emplea para referirse a los puntos de vista políticos de los demás. Asimismo, Akal, sostiene que ideología es “doctrina filosófica centrada en el estudio del origen de las ideas”. Ahora, bien. ¿Qué es idea? El mismo texto antes citado dice “cualquier cosa que le es dada inmediatamente a la mente cuando se piensa”. Mientras que el Diccionario Filosófico de M.M. Rosental define: idea, del griego idea, que literalmente significa ‘lo que se ve’, imagen; término filosófico que designa ‘sentido’, ‘significación’, ‘esencia’, y se halla estrechamente vinculada a las categorías del SER y PENSAR”. Del mismo modo, en el mismo diccionario, se encuentra la siguiente definición de Ideología: “Sistema de concepciones e ideas: políticas, jurídicas, morales, estéticas, religiosas y filosóficas. La ideología forma parte de la superestructura y como tal refleja, en última instancia, las relaciones económicas”.
Como se puede ver, tanto “Ideología” como “idea” no son simples palabras, pues son categorías filosóficas, ampliamente estudiadas y explicadas por los filósofos, a las cuales la clase política dominante trata de quitarle su esencia, su significado, su sentido, tal como ha hecho con muchísimas otras del mismo nivel, como por ejemplo la categoría “democracia”, cuyo contenido ha sido vaciado y no sólo eso, sino que dicha categoría ha sido degenerada y distorsionada. Hoy sólo sirve para justificar la profundización de las brechas sociales y económicas entre ricos y pobres, para enajenar la soberanía de las naciones, para la perdida de valores como la ética, la moral y la honradez. También sirve para llamar cada cuatro o cinco años a elegir a los “padres de la patria”.
De la definición dada en el diccionario Akal y MM Rosental se puede entender que la “Ideología” al ser o significar conjunto o sistema de ideas, es inherente a todo ser humano “que piensa” y que ésta se va configurando a través del proceso de socialización, el mismo que se inicia con el nacimiento de la persona. Es más, la ideología no sólo es el conjunto o sistema de ideas inherentes al individuo, también lo es inherente a una colectividad, a un grupo y naturalmente a una clase social. Aquí, la ideología se ira configurando de acuerdo a los intereses colectivos, grupales o clasistas a través de su práctica o su actividad social. Por ejemplo, los miembros de la clase capitalista comparten una ideología según la cual las leyes del libre mercado son naturales e impersonales, que los trabajadores en un régimen de libre mercado reciben el mayor salario que pueden realmente recibir y que la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción es algo natural y justificado. Mientras que los obreros, los empleados, los que dependen de un salario, los trabajadores independientes, de los sectores populares como ambulantes, artesanos, campesinos, estudiantes, etc., etc.,  obviamente, compartirán una ideología orientada al mejoramiento de sus condiciones de vida, de sus condiciones laborales, de exigencias salariales, de luchas contra el alza del costo de vida, etc. Por lo tanto, claramente se observa dos ideologías opuestas: la ideología de los capitalistas, que velarán por sus intereses que no son más que la acumulación de riqueza, asegurando el modelo económico del libre mercado o el neoliberalismo (ideología); y la ideología opuesta, de los sectores populares, entre éstos, de obreros, empleados, maestros, enfermeras, médicos, etc. En resumen, así es como se configura la famosa lucha de clases, categoría político –filosófica que asusta a las clases dominantes y por ello censurada, vilipendiada, desterrada de los debates políticos y desconocida por el clero; pero, también por las propias clases dominadas y oprimidas.
Cuando desde los operadores del Estado y sus diversos inquilinos de palacio, pretenden desprestigiar a las justas luchas populares, calificándolos de “ideologizadas”, aunque en cierto sentido, si son ideologizadas y obligatoriamente deberían serlo; puesto que de acuerdo con lo indicado más arriba, tales luchas y protestas sociales, encierran un conjunto o sistema de “ideas”, que a su vez constituyen la ideología de los que luchan; ideas que son  obviamente opuestas al conjunto de ideas del gobierno, las mismas que constituyen su “ideología”. En este sentido, y considerando aquella definición de “idea” como “cualquier cosa que le es dada inmediatamente a la mente que piensa”, es necesario la pregunta ¿Qué pretende la clase dominante, o para ser más específicos el gobierno, al calificar a cuanta huelga o lucha popular de “ideologizada”? ¿Acaso las luchas populares son expresión de animales irracionales, de robots o de seres autómatas? Son seres humanos quienes luchan o protestan, y los seres humanos tienen ideas y el conjunto de ideas constituye su ideología; a su vez las ideas son resultado del complejo proceso del pensar. ¿Acaso quieren o buscan que los sectores populares no piensen? ¿Qué sólo son seres que sirven para hacer y no para pensar? El hacer y el pensar son dos caras de una sola moneda. Sólo los robots y las bestias de carga no tienen esa cualidad tan maravillosa como es el pensar, para eso se formó en el ser humano, a través de millones de años, esa “máquina” tan compleja como es el cerebro. Bueno, pues, la mala noticia para la clase dominante es que toda lucha social, implícitamente encierra ideas y por lo tanto ideología; es algo natural, inherente a los humanos; impedir que lo tenga sería como querer tapar el solo con un dedo o querer impedir la lluvia. 
Finalmente, creo que los liberales, los ideólogos del capitalismo salvaje, incluso ciertos “dirigentes” y “líderes” caviares tomaron muy apecho o muy en serio aquello del “fin de las ideologías”, que profetizó el japonés Francis Fukuyama, luego de la desintegración de la URSS y de la caída del Muro de Berlín. Claro, antes que ello ocurriera, existían dos ideologías en pugna o en lucha, configurando un contexto llamado Guerra fría: La capitalista y la socialista. Estas dos ideologías opuestas, servían para equilibrar al mundo; pero sobre todo, para que el capitalismo no fuera tan salvaje como lo es hoy, por supuesto, inspirado en su ideología fundamentalista del libre mercado, libre saqueo, libre contaminación y libre destrucción del planeta. O pensaron que el capitalismo carece de ideología, tal como los capitalistas, permanentemente quieren aparentar. Preguntémosle a Adam Smit, Milton Friedman, a la escuela de los Chicago Boys, sobre qué bases filosóficas sustentan su teoría del libre mercado, de formación del capital, de acumulación de riqueza, y cual es la receta que se debe aplicar para mantener a raya o en línea a los sectores populares, etc. Cuando Fukuyama predice “el fin de las ideologías se estaba refiriendo a las ideologías opuestas o distintas a la del  capitalismo y del libre mercado. A ese tipo de ideologías se refería a inicios de los 90. Entonces, de allí para adelante, las clases dominantes, los capitalistas y los liberales y neoliberales se han venido esforzando para despolitizar y desideologizar a las clases populares. ¡Nada de ideología!! ¡Nada de política!!, parece ser la consigna de tales grupos. “La ideología es peligrosa”, “la ideología es negativa”, “la ideología es así o asá”. Dando entender, con ello que tener ideología y hacer política es patrimonio exclusivo sólo de la clase dominante. Las clases populares, los sectores maginados, los sectores explotados, además de ser despojados de todo bien material, de toda riqueza, también deben ser despojados de sus ideas, de sus legítimas aspiraciones, en fin deben ser despojados hasta de su capacidad de pensar.    

Escrito, 16 de agosto del 2017

miércoles, agosto 16, 2017

Recuperar el SUTEP con los maestros para los maestros



Por: Gregorio Santos Guerrero
Se requiere mucho papel y tiempo para reflexionar sobre las heroicas huelgas magisteriales que han conquistado titulares en los medios de la dictadura mediática empresarial. El magisterio tiene experiencia de lucha y sabe que solo logra ser escuchado cada vez que radicaliza sus protestas, consigue alianzas con los padres de familia, sus alumnos y los sectores sociales golpeados por la privatización abierta y encubierta de la educación pública.
He vivido algunas huelgas, he visto las maniobras del gobierno para lograr su estrategia y también como la dirigencia nacional se ha ido deslegitimando y suplantando al verdadero maestro de aula, de base que hoy no se siente representado por un CEN burocrático, soberbio y utilitario que ha engendrado estilos y métodos de organización oportunistas de convivencia con el modelo económico y con el sistema. Comportamientos que no tienen nada que ver con el sindicalismo clasista; con la razón de ser de un sindicato de los profesionales de la educación.
Si los objetivos y funciones de un Sindicato es organizar a los trabajadores de la Educación, elevar su conciencia clasista, defender los derechos de vida digna, formación y capacitación permanente de los profesionales de la educación peruana bajo responsabilidad del Estado, esta vieja y caduca dirigencia se alineó con el sistema. Así el maestro les perdió el respeto y hoy se rebelan contra el orden establecido y contra dirigentes sin bases y sin perspectiva.
La primera lectura que humildemente tengo; que los maestros con sus luchas desde hace décadas vienen poniendo en cuestión un tipo de sindicalismo, "sindicalismo domesticado" util al sistema dominante y al modelo económico neolberal vigente. Con estas rebeliones de los amautas de la patria, pone en evidencia que la CGTP no existe, que el sindicalismo peruano necesita refundarse, reencontrarse con su esencia. ¿ Señores de la CGTP dónde está la solidaridad de clase? Es una vergüenza que tanto la militancia de Patria Roja y la del PC Unidad repitan el mismo discurso de los ministros de la derecha lobista, fujimorista, la Confiep, y los sicarios de la dictadura mediática empresarial y en coro con los enemigos de clase les digan "radicales, extremistas, terroristas, violentistas" y cuanto epíteto encuentren con el objetivo de estigmatizarlos y dividir al movimiento magisterial enfrentando maestro contra maestro, acciones que no debemos permitir.
La huelga magisterial sea cual fuese su desenlace desenmascara una vez más al sindicalismo domesticado. Hoy queda un enorme reto, recuperar el SUTEP con los maestros para los maestros. Deseo que en estas horas difíciles los dirigentes de las bases regionales más representativos definan bien quiénes son sus amigos verdaderos y quiénes sus enemigos, unifiquen plataformas y conduzcan la lucha a una victoria que abra paso a una nueva etapa en la vida del gremio más importante del país. Las diferencias entre colegas es cuestión secundaria, existirán siempre y en el camino las resolveremos; hoy interesa y conviene unificar plataformas.
Si considero necesario hacer un llamado a los padres de familia y frentes de defensa de todas las regiones del país a movilizarnos en defensa de la Escuela Publica, por sueldos dignos para los maestros de una UIT como base salarial, un presupuesto justo y digno para el sector; que se cobre todas las deudas tributarias que las multinacionales tienen con el Estado y con esos recursos se cancele parte de la deuda social del magisterio. Ante la amenaza de despidos todos los padre de familia defendamos los puestos de nuestros maestros y así cuanta medida creativa contribuya con esta digna lucha. Perdón por lo extenso de esta nota. Como maestro mi solidaridad de clase con mis colegas, con mis maestros y maestras. 
¡ Camino a la victoria¡

miércoles, agosto 02, 2017

VENEZUELA Y LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE: ¿POCO O MUCHO?




Atilio Borón
Pocas veces se celebraron elecciones en un contexto tan signado por la violencia como las de este domingo pasado en Venezuela. Hay pocas experiencias similares en el Líbano, Siria e Irak. Tal vez en los Balcanes durante la desintegración de la ex Yugoslavia.
Dudo que en algún país europeo o mismo en Estados Unidos se hubiera celebrado elección alguna en un contexto similar al venezolano. Por eso que algo más de ocho millones de personas hayan desafiado a la derecha terrorista con sus sicarios, pirómanos, saqueadores y francotiradores y concurrido a emitir su voto demuestra el arraigo del chavismo en las clases populares y, además, un valor a toda prueba para luchar por la paz y repudiar la violencia. Y cuando el CNE dice que votaron 8.089.320 personas es así nomás, doblemente certificado por la cédula electoral y el control de las huellas dactilares de cada uno de los votantes.
Ese material está allí, sujeto a verificación por parte de la oposición o de observadores independientes, contrariamente a lo ocurrido con la pantomima electoral de la MUD el 16 de Julio que en una hilarante innovación en el arte y la ciencia de la política procedió a admitir votantes con o sin documentos, sufragar cuantas veces lo quisiera para luego quemar todos los registros una vez terminado el relampagueante recuento de los 7 millones y medio de votos que mienten haber recibido.
Pese a estos antecedentes el resultado de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente fue tildado como fraudulento tanto por la derecha internacional, gubernamental o no, como por algunas sectas delirantes de la izquierda eternamente funcionales al imperialismo. Algunos ilustres gobiernos de dentro y fuera de la región: México, Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos, Panamá, Colombia, Paraguay, Brasil, Canadá, España y Costa Rica se apresuraron a declarar al día siguiente de la elección que no reconocerían la ANC surgida del voto ciudadano en Venezuela algo que, sin dudas, le quita el sueño al gobierno bolivariano y a millones de venezolanos abatidos por tan degradante noticia. Se comprende que aquellos gobiernos no puedan hacerlo porque tienen demasiadas preocupaciones en casa como para perder un minuto en reconocer la lección de democracia que el bravo pueblo venezolano ofreciera el domingo.
México está azorado por el octavo periodista asesinado en lo que va del año, y sin nunca hallar al responsable amén de otras minucias como los 57 asesinatos por día registrados durante el 2016; el gobierno argentino por la muy probable derrota en el principal distrito electoral del país y una economía que no levanta vuelo; Chile, por la profunda deslegitimación de su sistema político y las protestas sociales que a diario conmueven las principales ciudades del país; Colombia, absorta en la atención de sus siete millones y medio de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico; Paraguay por la penetración del narco en los distintos niveles de la administración pública; Brasil por el estercolero en que se ha hundido el conjunto de su dirigencia, para ni hablar del caos en que se encuentra Estados Unidos con un jefe de estado impredecible y veleidoso como pocos y una pobre España sumida ella también en la corrupción de sus ricachones, la putrefacción de la monarquía y el irreparable desprestigio de su clase política. Gobiernos excelsos que seguramente ignoran que el ex presidente de EEUU James Carter –no precisamente un chavista- aseguró que el sistema electoral de Venezuela era más confiable y transparente que el de Estados Unidos.
Pero, envalentonados por el apoyo de tan distinguidos gobiernos, los críticos de la revolución bolivariana no se arredran y levantan su dedo acusador señalando que el grado de participación en la elección de la ANC, 42 % del padrón electoral, fue muy bajo y mal puede avalar las pretensiones del oficialismo de legitimar su instalación en los próximos días.
La prensa canalla, cuya misión excluyente es mentir y manipular con absoluta inescrupulosidad la conciencia pública, nada dice de las condiciones bajo las cuales las venezolanas y los venezolanos salieron de sus casas a votar. Peor aún, en su absoluta descomposición moral al diario El País, nave insignia del terrorismo mediático, se le olvidó que el 21 de Febrero del 2005 tituló “Si rotundo a la Constitución Europea con una participación del 42 %” de los españoles, resultado obtenido en medio de un clima de total tranquilidad, sin guarimbas ni sicarios sueltos por las calles. Pero doce años más tarde lo que en España permitía hablar de un “sí rotundo” se transmutaba en una crítica por la “violencia y la abstención en la Constituyente de Maduro”.
Nada dijo ese “house organ” del capital que su tan admirada Michelle Bachelet obtuvo la presidencia en 2013 en elecciones que contaron con la participación del 41.9 % de los empadronados, y que en las municipales de Chile del año pasado la participación fue menor aún: 34.9 %. O que en Colombia Juan M. Santos fue elegido en un balotaje con 47 % de concurrencia de votantes y que en el Referendo por la Paz, de comienzos del 2016 la participación para decidir un asunto tan crucial como ese fue de sólo el 38 %; o que Bill Clinton fue reelecto en 1996 en comicios en los cuales tomó parte sólo el 49 % de los registrados para votar y su sucesor, George W. Bush, en otros en los cuales participó el 50.3 %. ¡Y eso que lo que estaba en juego era nada menos que la presidencia de Estados Unidos!
En conclusión: excelente nivel de participación dadas las circunstancias y fracaso total de la estrategia de la derecha para sabotear la ANC. Esto seguramente redoblará el accionar de la fracción terrorista de la oposición cuyo desprecio por las reglas democráticas es incurable. Y eso que hay elecciones de gobernadores pautadas para diciembre de este año, y que en el año próximo tendrán lugar las presidenciales. Pero a esa “élite de forajidos”, como el laborista británico Harold Laski llamaba a la dirigencia fascista europea cuya descendencia hoy devasta Venezuela, esto no les interesa en lo más mínimo.
Quieren acabar con el chavismo ya, apremiados por sus amos y financistas del norte, y para ello están dispuestos a hacer cualquier cosa, a violar cualquier norma ética. Le tocará a un relegitimado gobierno de Nicolás Maduro acabar sin más demoras con el ala terrorista de la oposición y recomponer el orden público y la vida cotidiana, sin lo cual será imposible relanzar el proyecto bolivariano.
TELESUR:

SUBESTIMARON AL CHAVISMO




Por: Marco Teruggi 
Publicado 31 julio 2017
La derecha promete más de lo mismo. Y ese más de lo mismo perdió el domingo en las urnas, y durante toda la semana en las calles.
Querían pelear y el chavismo peleó. El resultado fue inmenso: 8.089.820 votos a favor de la Asamblea Nacional Constituyente. No se lo esperaban los analistas de derecha que pensaban al movimiento de Hugo Chávez contra las cuerdas, casi rendido. Tampoco muchos dentro de las propias filas: años de resistencia, en particular económica, parecían haber desgastado con dureza la fuerza propia. 
La jornada electoral fue difícil en varios lugares. La derecha había anunciado que sabotearía los comicios y así intentó hacerlo. Los puntos de ataques se concentraron en algunas zonas en particular: Táchira, Mérida, Lara, Zulia, Caracas. En esos lugares desplegaron un abanico de acciones de violencia: ataque con granadas y armas de fuego a centros electorales, persecución a chavistas hasta en la casa, trancas con grupos armados, volantes intimidatorios, amenazas, barricadas, bombas sobre la policía, incendio de la vivienda de un prefecto, el asesinato de otro candidato. El saldo es grave: varios muertos que la derecha nunca reconocerá como resultado de su accionar. 
El objetivo era sembrar un clima de terror, impedir que la gente votara. Las imágenes que llegaron fueron una respuesta contundente: la gente cruzó ríos, evitó trancas, amenazas, y fue a votar. Una de las imágenes más significativas, por su dimensión, tuvo lugar en Caracas, en el centro electoral del Poliedro, abierto para permitir que votarán quienes habían recibido amenazas en sus edificios y urbanizaciones. Fueron miles y miles que, durante el día, y hasta entrada la noche, votaron allí. Gente de zonas de clase media, alta -donde, en el caso de Caracas, se concentraron las intimidaciones- de extracción popular, acomodada, en una muestra de la amplitud social del chavismo. 
La violencia desplegada por la derecha no fue de quien avanza, acorrala, y toma posiciones. No, se trató de acciones que caracterizan a quien pierde, tiene desesperación, y sobre todo poca gente. Se vio nuevamente en las calles: el llamado a detener la elección solo tuvo eco en su base social histórica, clasista, minoritaria, que aplaudió la explosión de la bomba que hirió a seis policías -uno resultó quemado en el 80% del cuerpo- y no pudo generar, en el caso de Caracas, más que algunos focos de violencia. Nuevamente, como toda esta semana, lució -al decir de Soriano- triste, solitaria, y final.
Y no entendió lo que pasó en las urnas. Al punto de negarlo. La dirigencia de la derecha lo hizo por estrategia política -el anuncio estaba hecho desde el sábado por la noche- y su base social porque, como desde el inicio de la revolución, no logró comprender cómo las mayorías populares pueden tener pensamiento, consciencia, estrategia, sentido del momento histórico. Hicieron lo de siempre: subestimaron al chavismo. 
Y el chavismo hizo lo que hace cuando lo atacan de frente: fue contundente.
Existen varias explicaciones para los 8.089.820 de votos. Una de ellas es la agudización del conflicto planteado por la derecha. El chavismo vio -y resistió con consciencia y disciplina política- cómo durante más de cien días la oposición incendió instituciones, gente, espacios comunales, calles, camiones, comida, autobuses, y anunció el asalto al Palacio de Miraflores. Esa visibilidad del enemigo, su salida del escondite, favoreció la polarización política, dinámica en la cual se hace fuerte el chavismo. La votación del domingo fue entonces, entre otras cosas, contra la escalada de violencia de la derecha, y por la Asamblea Nacional Constituyente como forma democrática de abrir el debate. El chavismo, contra quienes lo acusan de antidemocrático y violento, mostró que concibe la salida del conflicto a través de la vía electoral. 
Otra explicación reside en las características del chavismo como movimiento histórico, que desarrolló en los años de revolución un profundo aprendizaje político/histórico producto del liderazgo de Hugo Chávez y las formas de democracia participativa. El chavismo tiene entre sus elementos fuertes una noción clara de lo que existía antes de 1999, de quién es la derecha que se presenta como solución a los problemas del país. Puede estar descontento con la dirección y la situación económica -como de hecho lo está- pero tiene el hilo histórico muy presente. En una batalla crucial, como lo fue este domingo, salió a pelear con esa claridad.
Por último -podría ser lo primero- por el mismo Hugo Chávez, el orgullo del chavismo, que es un orgullo de clase, de historia, de piel, esa misma piel y clase que se transformó en motivo para ser quemado por la derecha. 
Y una pregunta: ¿solamente votó el chavismo? Puede haber sucedido que gente de oposición haya ido a votar. Por rechazar el callejón violento y sin salida planteado por su propia dirigencia. En varias zonas se reportó la presencia de votantes de oposición -en los barrios la gente se conoce.
Se ganó una batalla clave en el marco de una guerra no convencional prolongada. Tuvo la importancia de medir la fuerza propia -algo que estaba rodeado de preguntas en los últimos meses- y de darle la legitimidad necesaria a la Asamblea Nacional Constituyente. Ante el número sin verificación alguna de los 7.186.170 votos planteados por la derecha como resultado de su plebiscito -donde quemaron los cuadernos de votación- era necesario un resultado mayor. Aunque el número del plebiscito era falso, su condicionamiento era real, en particular en lo internacional, donde se desarrolla uno de los frentes principales del enfrentamiento. El resultado del chavismo superó con amplitud una de las cartas principales de la derecha.
La respuesta golpista ante la elección y la próxima puesta en marcha de la Asamblea Nacional Constituyente será la que se esperaba: el no reconocimiento, como lo anunció el presidente de Colombia este viernes, y todos los dirigentes de la derecha. El problema al cual estarán enfrentados es la disminución de su volumen de fuerza. No lograron legitimar su violencia en la sociedad -salvo en partes de su histórica base social-, existe un desgaste de la lógica de confrontación permanente, y los sectores por fuera de esa base histórica que se habían sumado al llamado parecen alejarse producto de la falta de resultados.
La derecha promete más de lo mismo. Y ese más de lo mismo perdió el domingo en las urnas, y durante toda la semana en las calles. 
Por eso, más que nunca, dependen del frente internacional. Por ese lado parece que vendrán las próximas acciones. Y tal vez a través de nuevas formas de la violencia. Como sea, esa derecha que parecía en avanzada hoy se encuentra en crisis. No se debe caer en triunfalismo. La confrontación no termina mañana ni pasado y puede sorprender. Llegó para quedarse, mutar, buscar las formas de recuperar el poder político, subordinar la economía directamente a los Estados Unidos, y aplicar una revancha sobre el chavismo.
El chavismo mostró el domingo que está de pie, y puesto a pelear contra el enemigo histórico lo hace de manera inmensa. Mañana sigue una nueva batalla.
TELESUR: