jueves, abril 05, 2007

LOS CRISTIANOS Y LA ECOLOGÍA

P. Marco Arana Zegarra
El compromiso cristiano con la defensa del medio ambiente tiene respaldo en las enseñanzas de la iglesia católica. El 29 de noviembre de 1979, el papa Juan Pablo II promulgó una bula: “Nombramos a San Francisco de Asís celestial patrono de los ecologistas, con todos los honores anejos y con los privilegios litúrgicos correspondientes, sin que obste nada en contrario. Así lo ordenamos, mandando que las presentes Letras sean observadas religiosamente y que tengan sus efectos tanto ahora como en el futuro.
”Con esta bula, la iglesia católica invitaba a sus fieles a imitar la vida del santo que optó por vivir en paz con sus hermanos y con la creación. Para San Francisco, la tierra es “hermana tierra” y el agua y el viento son “hermanos”. Todo lo contrario a la enemistad que instaló la racionalidad instrumental occidental para la cual la naturaleza es reductible a la categoría de “recursos”, es decir simples bienes económicos que pueden ser explotados para generar riqueza sin importar qué se destruye: atmósfera, suelos, ríos, mares o selvas.
El nombramiento de San Francisco como “patrono de los ecologistas”, se inscribe además en el esfuerzo que la iglesia católica está haciendo para comprender la crisis ecológica. Escribía Juan Pablo II: “Si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas. Sobre todo en nuestro tiempo, el hombre ha devastado sin vacilación llanuras y valles boscosos, ha contaminado las aguas, ha deformado el hábitat de la tierra, ha hecho irrespirable el aire, ha alterado los sistemas hidrogeológicos y atmosféricos, ha desertizado espacios verdes, ha realizado formas de industrialización salvaje, humillando el jardín que es la tierra, nuestra morada… En nuestros días aumenta cada vez más la convicción de que la paz mundial está amenazada, además (…) por la falta del debido respeto a la naturaleza, la explotación desordenada de sus recursos y el deterioro progresivo de la calidad de la vida. Esta situación provoca inestabilidad e inseguridad que a la vez promueven formas de egoísmo colectivo, acaparamiento e irresponsabilidad.
”Estas enseñanzas orientan la acción profética de los cristianos para denunciar comportamientos y discursos que justifican los daños ecológicos y las violaciones de derechos como está ocurriendo con las madereras y la contaminación de las petroleras en la selva, o con las mineras en los andes en una lógica que permite que las riquezas sean apropiadas por unos pocos mientras que la pobreza y la contaminación se quedan.Juan Pablo II también enseñaba que “La contaminación o la destrucción del ambiente son frutos de una visión reductiva y antinatural, que configura a veces un verdadero y grave desprecio del hombre”.
Efectivamente, cómo no relevar esta aguda afirmación, en un contexto en que la política económica de los gobiernos centrales viene imponiendo actividades industriales como la minería o el petróleo por sobre los derechos de las poblaciones locales y cuando las comunidades nativas, indígenas y campesinas que buscan ser oídas y respetadas están siendo reprimidas y criminalizadas.
Lo que se evidencia en profundidad, es que en la raíz de los conflictos sociales alrededor de los conflictos ambientales en nuestro país, está el desprecio por la vida, las opiniones, la cultura y el derecho a consulta (previa, libre e informada) de las poblaciones; así como las enormes distancias que separan a los gobernantes y muchos medios de comunicación limeños del sentir de las poblaciones de provincias.

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