sábado, mayo 04, 2013

MADURO, OBLIGADO A SER “MÁS DURO”



Por Sociólogo: Avelino Zamora Lingán
Probablemente, una de las grandes virtudes del extinto Hugo Chávez, además de su carisma y diverso bagaje cognoscitivo y cultural, haya sido su solidez político-ideológica y su firmeza para defenderlo, en cualquier espacio, en cualquier momento y frente a quien sea. Esto significaba que sus decisiones políticas, en cuanto a qué se debía o no se debía hacer en su país, lo asumía sin ambigüedad ni eclecticismo, sin dudas ni murmuraciones o sin que le tiemble la mano, sobre todo en los inicios de su gobierno, allá por los años 1998-2000. Claro está, que tales decisiones o acciones no eran producto de la espontaneidad; pues, previamente habían sido plasmados en un Proyecto de largo plazo: el Proyecto Bolivariano, el cual reflejaba todas las bases y la filosofía de “El Socialismo del Siglo Veintiuno”. A esto se suma otra característica: Su valentía, dureza y coraje con lo cual se enfrentó verbalmente a los más altos personajes de la política mundial como el Rey de España y George Bush; pero también para ir contra la corriente o hacia la izquierda, cuando casi todos los gobernantes  del mundo sólo optan por lo más fácil: nadar a favor de la corriente o acomodarse con la derecha.  De hecho, el mayor riesgo al que tuvo que enfrentar fue el que sus enemigos políticos inmediatamente le impregnen la etiqueta de DICTADOR. El único problema radica en que muchas de estas cualidades no se aprenden en ninguna universidad, ni academia o instituto, son cualidades inherentes a la persona, aprendidas únicamente en el  hogar y en la gran universidad de la vida.
Desde esta perspectiva sobran razones cuando, se dice que MADURO NO ES CHAVEZ, en relación a Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez en la Presidencia de Venezuela. En efecto, esto es así, puesto que ninguna persona puede ser igual o similar a otra; siempre tiene que haber algunas diferencias especialmente de personalidad, carácter, comportamiento, aunque la línea política sea la misma. Esto es precisamente el principal riesgo al cual tiene que enfrentarse el nuevo Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, si es que quiere concluir el Gran Proyecto Político Bolivariano, que inició Chávez y no logró concluirlo: consolidar el socialismo del siglo XXI. Sólo qué para ello tiene que tener ese coraje y esa valentía que tuvo su antecesor, aún a costa de que sus acérrimos enemigos políticos, encabezados por Estados Unidos le llamen de todo: “dictador”, “autoritario”, “estatista”, “comunista”, “mal ejemplo para la región”, etc., etc. Después de todo, mientras cuente con el respaldo de la gran mayoría del pueblo venezolano, todo adjetivo calificativo en su contra se lo llevará el viento o caerá en saco roto. Aunque, valgan verdades, para construir el socialismo, o para romper la lógica del orden social capitalista establecido, es necesario ser todos esos calificativos que la derecha impregna a los que no piensan igual que ella. Tal es así que el ser duro, inflexible, implacable, es la condición fundamental para que “la tortilla se de vuelta”, es decir para que los dominantes de hoy pasen a ser los dominados del mañana, ya que bajo el sistema democrático, estructurado a imagen y semejanza del gran capital, las verdaderas transformaciones sociales no pasan de ser un bonito sueño, que los pueblos jamás podrán verlos convertidos en realidad.  
El conflicto desatado en Venezuela, a raíz del triunfo de Maduro, el mismo que probablemente continuará en adelante, promovido, claro está, por la derecha venezolana, oleado y avalado por Estados Unidos, aprovechándose del ajustado 1 % de ventaja de Maduro sobre Capriles, no tiene otro objetivo que el de medir el grado de debilidad del  chavista para, a partir de ello, traerse abajo a la revolución bolivariana. Y, si ese grado de debilidad del sucesor es alto, que no quepa ninguna duda que la derecha va lograr su objetivo. No obstante, también existe otro factor que puede ayudar, es el apoyo externo, y aquí el otro gran merito de Chávez es el haber creado la UNASUR (Unión de países del Sur) integrado por Chile, Venezuela, Uruguay, Argentina, Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia y Perú. Tal vez lo hizo estimando lo que se podía venir en el futuro, es decir, la urgente necesidad de contrarrestar en algo los afanes imperialistas y neocolonialistas de Estados Unidos. Y, vaya que la UNASUR cumplió su rol, para lo cual fue fundada, al reunirse, de urgencia, en Lima el día jueves 18 del presente para reconocer como nuevo presidente de Venezuela a Nicolás Maduro y otorgarle todo su respaldo; tal decisión,  obviamente, neutraliza en algo los apetitos golpistas de la derecha venezolana con Capriles a la cabeza.
Al negarse la derecha venezolana reconocer el triunfo de Maduro, sólo refleja que luego de 14 años fuera del poder, existe una evidente desesperación por retomarlo, si no es vía democrática, lo cual tanto pregona cuando le conviene, vía la fuerza o por asalto, provocando el desorden, el enfrentamiento, de alguna manera, de pueblo contra pueblo. El candidato perdedor pide que haya un “nuevo conteo de votos” y dice, ninguneando al voto electrónico (se supone mucho más preciso que el voto tradicional en la urna), “en democracia se cuenta voto por voto”, ya que según estima, él es el que habría ganado las elecciones, basándose en el estrecho margen de tan sólo 1 %; aunque en datos absolutos esto equivale a más de 300,000 votos de ventaja a favor de Maduro. Y, esto es precisamente lo que olvida Capriles: que en democracia, se respeta al vencedor aunque la diferencia sólo sea de 1 voto. ¿Qué hubiese pasado si es que los resultados electorales hubiesen sido a favor de él, por el mismo margen de 1 %? Estoy seguro que el escenario político fuera otro; tal vez sería Maduro el que estuviera reclamando; mientras que Estados Unidos hubiese sido el primero en reconocer dicha elección. Después de todo, a lo largo de la historia, el país del Tío Sam tiene ese enorme poder de poner o deponer Presidentes en América Latina: los pone cuando se arrodillan frente a él y los depone cuando osan levantarle la voz como lo hizo Chávez. Los más sanguinarios dictadores de América Latina como Pinochet, Rafael Videla, Strosner, Somoza, Fulgencio Batista, por citar sólo algunos, han sido los más preclaros engendros de la CIA norteamericana.
En el actual contexto, para nadie es un secreto que Estados Unidos apunta a ser el amo del mundo, pues ello se evidencia cuando de hecho se entromete o inmiscuye en los asuntos internos de cualquier país del planeta, ya sea política, económica o militarmente. En los países que logra echar raíces, convierte en títeres a sus gobernantes y los utiliza para armar la bronca a los vecinos que no se alinean con el neoliberalismo o con el capitalismo salvaje, tal como hoy los está enfrentando a las dos Coreas, del sur y del Norte; o a Israel con Palestina. No es nada extraño que aquí en América del Sur, toda vez que el triunfo de Maduro, acaba con los planes de la derecha y sobre todo con el de Estados Unidos, para hegemonizar toda la región, haya un mayor azuzamiento de conflictos entre Venezuela y Colombia, por ejemplo, puesto que hoy en día el país cafetero es el que más está alineado con la política internacional del Tío Sam; ya que las más de ocho bases militares instaladas no son casuales, ni producto de la bondad o de la misericordia. Las ocho bases militares yanquis instaladas en Colombia huelen a lo lejos a apetitos imperialistas y neo-colonialistas. Y, el blanco más directo y cercano es Venezuela, más aún si ha optado por un sistema social, opuesto a sus grandes intereses económicos, y peor aún, cuando Venezuela tiene la virtud de contar con grandes yacimientos de “oro negro”, es decir, petróleo.
Finalmente, una lección se extrae de las recientes elecciones en Venezuela, válidas para cualquier país, región o localidad, donde las disputas por el poder sean verdaderas luchas encarnizadas, sobre todo entre derechas e izquierdas: Y, es que el margen por el cual es favorecido tal o cual candidato, tiene que ser amplio, por lo menos bordear los 10 puntos porcentuales. De tal manera que tal ventaja, dejaría muy poco espacio para cuestionamientos, impugnaciones, dudas o lo peor, argumentar fraude; lo contrario sucede cuando el margen es muy estrecho como 0.5 % ó 1 %, donde los perdedores, de la tendencia política que sea y los enemigos políticos, están al acecho para armar el conflicto y así pueda que logren sus objetivos de dar vuelta a los resultados. Aquí en Perú, ya tuvimos una experiencia similar a la venezolana, aunque nadie dijo nada ni se armó ningún conflicto, cuando en las elecciones del 2006, primera vuelta, todo indicaba que la ganadora, aunque sea por medio punto, fue Lourdes Flores; en consecuencia, en la segunda vuelta, quien se enfrentaba a Humala, que era el otro ganador de la primera, era ella y no Alan García. Pero, obviamente a la derecha y grupos de poder económico convenía que se enfrenten Ollanta y García, con la idea que gane García (en ese entonces Ollanta era un rojazo empedernido)  y así sacrificaron a su propia correligionaria ideológica. Si las elecciones del 2006 no hubieran sido manipuladas, aprovechando ese estrechísimo margen, tal vez Ollanta ya hubiese sido Ex Presidente (periodo 2006-2011). El desengaño y la decepción para el pueblo peruano ya hubiese pasado hace buen tiempo. Hoy, por su parte, Maduro tiene que ser mas duro, tanto de su país como con la de América Latina. Entones, la esperanza de los pueblos en una nueva sociedad, con nuevo modelo económico, que no sea el neoliberal, sigue latente.///////////////////////////////////////////// Escrito: 25 de abril del 2013. 

2 comentarios:

Alberto Sarmiento Chavez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alberto Sarmiento Chavez dijo...

No hay nada mejor, que la verdad bien dicha, o en este caso, bien escrita...